jueves, 1 de diciembre de 2016

Fases

¡Señoras y señores!
 
Estrenamos la temporada navideña con mamuchi enferma desde hace más de una semana y el pequeño troll en lo que espero sea una fase temporal.

Yo entiendo que la peque está desarrollando su independencia y su sentido del ser. Que desafiarnos es parte de ese desarrollo y que querer salirse con la suya siempre es lo más natural del mundo a estas edades. Pero papa y yo llevamos tiempo caminando sobre una delgada línea que separa el establecer límites que la peque tiene que respetar y el conseguir que nuestra vida funcione con la mínima cantidad de drama y caos. Y es que es muy difícil no ceder a sus demandas cuando tienes una hora para arreglarte, arreglarla, desayunar, darle el desayuno y salir hacia el trabajo.

Sus exigencias principales son dos:

1. Ver la tele. Y no cualquier cosa, no. Tiene un repertorio de vocabulario con el que identifica todos los vídeos que más le gustan. Ástin es Justin Timberlake. Fante  es el Paradise de Coldplay, atón es el Susanita tiene un ratón, cuquín son los videos educativos de la Família Telerín (los videos musicales los pide como telín), poyo es Pocoyó, eón es el Rey León... Y así un largo etcétera. Normalmente consigo decirle "sólo uno más" y entonces sabe que es el último. Aunque al acabar siempre me mira y dice sonriente "¡uno más!" o "¡otto más!".

El problema es cuando el punto número 1 se combina con el punto número 2.

2. No ir a casa de su niñera. Llevamos una semana un poco dura. Primero, hay que obligarla a salir de casa por la mañana. Segundo, al llegar allí no quiere que me vaya y se agarra a mí y llora y me llama (y a mí se me parte el corazón cada vez). El martes empezó que no quería dejar el chupete o el doudou (su conejo-manta inseparable). La señora niñera pensó que tenía un mal día y lo dejó pasar. Pero el miércoles se repitió la misma historia y la señora niñera esta vez no pasó por el aro y le quitó las dos cosas (con el subsecuente drama de llantos y gritos). Y esta mañana me ha pedido a mí que se los quitara antes de irme, y así lo he hecho. 

Tengo pensado hablar con la señora niñera con calma cuando recoja hoy al troll. Preguntar si ha pasado cualquier cosa que pueda haber provocado esta reacción (cualquier "tontería" como que un niño le quitara un juguete o la empujara al suelo). Pero estoy bastante segura de que la respuesta va a ser que no, que es una fase que hay que sobrevivir y que tal y como ha llegado, pasará. 

Así que sólo queda abrocharse los cinturones, ponerse el chubasquero y aguantar la tormenta. 

Y dicho así parece todo muy dramático y en realidad la peque sigue siendo la misma ricura de niña el 80% del tiempo. Incluso más a veces. Tiene momentos en los que se sube al sofá y se acurruca entre mis piernas y me derrito de amor. Y esa sonrisa, y sus gañotas bobas. La adoro y eso no cambia nunca, no importa cuán difícil se ponga. Pero por las mañanas, cuando está una enferma y ha dormido poco y se rebela la progenie... ¡Santa paciencia!

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Santa Claus no hará parada en nuestra casa

Ya llega la Navidad. Bueno no, pero yo odio noviembre y la única manera de sobrevivir a la oscuridad eterna escandinava es pensar que la Navidad ya está a la vuelta de la esquina.

En fín, que aquí ya estamos haciendo listas y mirando regalos para la peque, pero no los traerá Santa Claus. Ni los Reyes Magos. Los traeran papa y mama y los abuelos y los tíos.

Aún no he tenido esta conversación con mi familia pero puedo claramente imaginar cual va a ser la reacción general:

¿Ay, pero por qué le vas a negar esa ilusión tan grande a la niña? Tú es que ya no te acuerdas de lo contenta que te ponías tú cuando venían los Reyes Magos.

¿Qué ilusión? ¿La de pensar que unos extraños van a meterse en su casa mientras duerme y dejarle juguetes porque ha sido una niña buena?

 Me niego.

En casa tenemos una política muy estricta de CERO MENTIRAS. Ni mentiras, ni secretos, ni chantajes.

Nada de esto queda entre tú y yo y será nuestro secreto.

Nada de tenemos que volver a casa a comer pero mañana venimos al parque otra vez, si no es verdad.
Si hacemos promesas las cumplimos, y no esperamos a que se olvide o la distraemos con otra cosa.


Parece una obviedad, pero para mucha gente no lo es. A veces pienso que lo "normal" es tratar a los niños como si fuesen tontos, con condescendencia, con trucos y engaños. ¿Por qué?
¿Por qué decirle a un niño que la tele está rota y no funciona? Si aprende a encenderla o la ve funcionando más tarde, va a saber que le hemos engañado. ¿Por qué no decirle que a mama no le gusta que vea la tele tanto rato y que si le gustaría ir a hacer un puzzle juntas? Os garantizo que 9 de cada 10 veces, la peque preferirá ir a jugar con mamá. Y ese 1 de cada 10 son momentos en los que está muy cansada o no se encuentra bien, y entonces mamá cede y le deja ver un episodio más de Pocoyo.

Es tan fácil como tratar a nuestros hijos con el mismo respeto con el que trataríamos a una persona adulta. Porque también son personas. 

Por eso, porque respeto a mi hija y porque no quiero que llegue el día en que se de cuenta de que mama y papa le han estado mintiendo durante años, nuestros regalos no los va a dejar Santa Claus. Ni los Reyes Magos.

Nuestros regalos van a venir de nuestras familias, de nuestros amigos. Van a ser un símbolo de que hay gente que nos quiere y vamos a celebrar que es Navidad (el tema del nacimiento del niño Jesús y la religión en general da para otra publicación independiente) y que... mmmhh... aún no sé qué vamos a celebrar el 6 de enero. Que estamos juntos, en nuestra segunda casa. Que hace miles de años, tres señores supuestamente siguieron a una estrella y le llevaron regalos al niño Jesús (sí, ese mismo cuyo nacimiento celebramos hace apenas dos semanas, ¿recuerdas?). 

Reconozco que aún no tengo todos los detalles. Pero sí se que no voy a decirle que los regalos han venido en camellos mágicos desde Oriente, ni en renos voladores desde el Polo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Las pequeñas cosas

Ayer fuí a recoger al pequeño troll y la encontré (de nuevo) sentada contemplando a los cachorros perrunos nacidos hace unas pocas semanas en casa de su cuidadora. Por lo visto pasa mucho rato simplemente mirándolos, y cuando los toca lo hace con una delicadeza inusual (mi hija es un poco salvaje muchas veces, pero nunca con los miniperros).

El caso es que no me oyó llegar y no se percató de mi presencia hasta que, estando detrás de ella, le dije "¡Hooolaa!". Y en ese momento se giró y su expresión cambió de asombro a felicidad absoluta en cuestión de milisegundos. Se puso en pie, me señaló con un dedo, miró a su niñera y exclamó:

- MIN mama! MIN!! MIN mama!! (¡MI mama! ¡MÍA! ¡MI mama!)

Todo esto con una sonrisa de oreja a oreja.

A lo que su cuidadora le respondió "Sí, es TU mama".

Mi hija se me acercó, me agarró la mano y dijo "casa", arrastrándome hacia la puerta.


Me encanta que sea feliz en casa de su niñera, que sé que lo es. Me encanta que sea como una segunda família, donde el troll está cómoda y contenta con todos.

Pero me encanta aún más que cuando nos ve a mí o a papuchi, se le iluminen los ojos y automáticamente decida a ir a casa.

sábado, 29 de octubre de 2016

Adaptarse a un bebé

El domingo pasado volvimos de una semana de vacaciones en Atenas, con el pequeño troll y toda la família directa de papuchi con sus respectivas parejas (en total, 8 adultos y la peque).

En general fue muy bien. Prioridad para pasar el control de seguridad, prioridad al embarcar... ¡a veces ir con un bebé te da un free pass en muchas cosas! Toda la familia paterna, en especial los abuelos, estaban súper ilusionados con la idea de llevar al troll de vacaciones - cosa que entiendo. Pero quedó bastante claro que no todo el mundo era consciente de lo que implica - al menos para nosotros - el viajar con un bebé de 18 meses.

Antes de seguir necesito hacer dos aclaraciones importantes:

1. No hubo quejas directas, ni discusiones, ni malas maneras en ningún momento.

2. Quizás es culpa nuestra porque puede que seamos un poco especiales, pero tal y como yo lo entiendo son los adultos los que tienen que adaptarse al ritmo del bebé, y no al revés.

Me explico.

A alguien le puede parecer ideal levantarse tarde, hacer un brunch a las 11, y pretender salir por la puerta a las 12 para ir a dar una vuelta por Atenas. Yo lo entiendo, son vacaciones.
El problema es que mi hija se ha levantado a las 7 de la mañana y después de almorzar a las 11.30, necesita dormir. "Ah, ¿pero no puede dormir en el coche?". Sí, claro. Pero el concepto de una power nap de 20 minutos no funciona con los críos. Necesita dormir más. "Pero ¿y no puede dormir en el carro?". Sí, pero si la llevas a un sitio nuevo que está lleno de gente, de ruido, de otros niños, de perros, de palomas... no va a dormir. Va a querer caminar. Va a querer ver esto y aquello y acercarse y tocar aquí y allá.

¿Qué pasa cuando mi hija no duerme su siesta? Al principio nada. Luego empiezan las quejas, los llantos, los quiero-que-mami-y-solo-mami-me-lleve-en-brazos-el-resto-del-día. Tenemos un portabebés, pero mi peque no es fan. Aún así le dimos uso, porque alguien tuvo la genial idea de subir la colina de Filopapos (o de las musas) a mediodía. Cuesta arriba con una niña de 12kg intentando escapar del portabebés. Al menos ya no me volví a sentir culpable por la rebanada de pan con Nutella que me había zampado en el desayuno. 

Y mi hija es buena. Y aguanta. Y aún cuando está increíblemente cansada, se la suele poder manejar. 

Pero si podéis escoger entre cenar a las 18.30 o a las 20.30, por favor recordad que la peque normalmente a las 19 está en la cama. Si planeáis entrar a un restaurante a las 20.30, no vamos a llegar a casa hasta pasadas las 22.30.

¿Soy yo?
¿Estoy loca?

Seguro que algunos opinarán que soy demasiado esclava de mi hija. ¡Ojo! No estoy pidiendo que nadie deje de hacer cosas que quiere hacer por contentar a la niña. Pero no me parece un sacrificio desmesurado intentar planear las cosas con un poco de conciencia. 

Y tengo que decir que los vikingos no tardaron en entenderlo. De buena o de mala gana (imposible de descrifrar a veces con esta gente, pero yo creo que de buena), a medida que iban pasando los días los planes estaban más definidos y más adaptados a las necesidades del troll. Y por ello les estoy sumamente agradecida. Yo sé que soy rara, que seguro que a veces me paso de la raya, pero a veces pequeños cambios que para algunos son casi insignificantes, para otros cambian radicalmente la experiencia. Tener a una niña descansada y feliz (casi siempre) ha hecho de mis vacaciones un placer (a excepción de la última noche, en un restaurante de mierda horrible con una niña que se me quedaba dormida en la silla).
Filopappos Hill Source: www.greeka.com

Yo sé que a día de hoy muchos papás y mamás intentan mantener su ritmo pre-bebé después de la llegada del retoño. Y lo entiendo. Para nosotros ha sido fácil porque siempre hemos disfrutado mucho el estar en casa y no digo que haya que renunciar al 100% a la vida social de uno... pero ¿quizás al 50%? 

En mi opinión (que cada uno tiene la suya), el mejor lugar para los peques es su casa. Por supuesto que tienen que salir y explorar e ir al bosque y a la playa y a la ciudad, pero al final del día donde están mejor es en la seguridad de su hogar. Entre aquello que conocen. Estimulación, sí, pero no sobreestimulación. Equilibrio. Tranquilidad. Y, cuando sea necesario, una niñera.

lunes, 10 de octubre de 2016

En los momentos difíciles no se les quiere menos

Me resulta sumamente frustrante que durante el día me lluevan ideas para llenar el blog, y que para cuando por fín me siento ante el PC todas se hayan desvanecido. Así no hay manera de escribir con asiduidad.

También me da un poco de vergüenza pereza estar escribiendo siempre sobre lo mucho que adoro a mi pequeña, lo rapidísimo que aprende (un día de estos tengo que hacer un listado de todas las palabras que domina, porque ¡ya son docenas!) o lo increíblemente mágico de esta experiencia. Y lo peor de todo es que cuando creo que he encontrado un tema interesante, no consigo recordar si ya lo he sacado antes.

Quizás es hora de dedicar unas líneas a los momentos más difíciles de nuestro día a día para que no se diga que el blog no refleja la realidad porque solo escribo cosas bonitas. En orden tal y como se me van ocurriendo:

1. Esas noches en las que se despierta tres o cuatro veces. Unas veces ha hecho caca y hay que cambiarla (totalmente comprensible, no se la puede culpar por querer un pañal limpio), otras son los dientes (no nos gusta darle demasiada medicación, así que si le empieza a doler un poco, duerme mal) y otras... pues no lo sabemos. Pesadillas, gases, sed (en cuyo caso pide agua muy claramente), take your pick que dirían en inglés. Y sí, si llora nos levantamos. Si se queja esperamos unos segundos para ver si está despierta o simplemente está dando vueltas por la cuna y se vuelve a dormir, pero si llora la atendemos. Y me da muy igual que me digáis que la vamos a malcriar y esto y lo otro. Punto.

Aquí voy a hacer un inciso porque hay algo que me pone de muy mal humor. Si la niña pide que la coja en brazos y lo hago, la opinión general es que la estoy malcriando. Si tiene una rabieta y en lugar de reñirla la consuelo y la abrazo, la estoy malcriando. Si permito que "escoja qué comer", la estoy malcriando. Si me levanto por la noche a consolarla cuando llora, la estoy malcriando. Si dejo lo que estoy haciendo para ir a jugar con ella cuando me llama, la estoy malcriando.
PERO luego, cuando la niña come bien, cuando se porta bien, cuando se acurruca a mi lado, cuando demuestra lo segura e independiente que es, cuando se entretiene sola, cuando comparte sus cosas... entonces la opinión general es "¡qué suerte tienes! ¡qué niña más buena te ha salido!". asdljhasidhpqwneqpwhoiands (esto soy yo conteniéndome las ganas de escribir una ristra de palabras malsonantes).
Quizás, quizás, la niña es como es porque estamos haciendo algo bien.

2. En relación al inciso, también es muy duro aguantar los juicios de la gente. Los radicales de la crianza del apego piensan que no le di el pecho suficiente (qué más habría querido yo que poder darle el pecho hasta hoy mismo), que no durmió en mi cama lo suficiente, que debería haber dejado mi trabajo para tenerla en casa hasta que cumpla los 3 años. Al otro extremo tenemos a los que piensan que a los peques hay que disciplinarlos, que hay que dejarlos que lloren hasta que se duerman (voy escribiendo esto y sigo pensando que no.me.cabe.en.la.cabeza que haya gente que piense así), que me dirían que soy una blanda y que mi hija me toma el pelo (a tomar por culo freir espárragos los mandaba yo a estos). Hagas lo que hagas siempre va a haber gente dispuesta a juzgarte y criticarte. Yo sé que no soy perfecta, pero vosotros tampoco. 

3. Venga va, añadiremos las rabietas. Qué palabra más horrible, rabieta. Yo a partir de ahora voy a llamarlas crisis emocionales, porque eso es lo que son. Hace poco más de 17 meses, el pequeño troll aún no había visto la luz del sol. Como adultos entendemos que aún después de nacer nuestro bebé se sigue desarrollando. Su cuerpo crece y se endurece, su coordinación, su equilibrio, sus movimientos se afinan. Sabemos y comprendemos que es un proceso. Y aún así nos sorprendemos soberanamente cuando descubrimos que los peques también necesitan un desarrollo emocional. Pretendemos que una personita que ni siquiera sabe atarse los zapatos consiga lidiar con avalanchas de sentimientos que no puede ni nombrar, ni entender, ni procesar. 
A estas alturas cualquier cosa puede desencadenar una crisis de mayores o menores proporciones. Quería el sandwhich entero y lo has cortado por la mitad. No le has echado suficiente agua en el vaso. Le has echado demasiada agua en el vaso. No entiendes cual de todos los videos musicales que le enamoran quiere ver en ese preciso instante. 

¿Cómo lidiamos en casa con las crisis? Con amor. ¿Funciona siempre? No al instante. Si el llanto está durando mucho nos resignamos a intentar distraerla con algo, pero no es ideal. Lo ideal es poner palabras a lo que está sintiendo, explicarle que es normal, ofrecer contacto físico si lo quiere y dejar que la crisis siga su curso y pase por si sola. Y la próxima vez, preguntar antes de cortar el sandwhich.

4. Los momentos "¿dónde está mi "yo" de antes de ser mamá?". Soy consciente de que este sentimiento es pasajero y es producto del hecho de vivir en medio de la nada y a 45 minutos en coche de mis amigos más cercanos. Tampoco es muy frecuente. Pero no por eso es menos difícil.
En general me ayuda el pensar que todo este tiempo que le dedico a ella (volvemos al tema de la crianza del apego) es una inversión en su futuro. Pero que mami tuviera una noche libre de vez en cuando tampoco le haría ningún mal (sobretodo porque se va a dormir a las 7). El problema es la pereza absoluta que le da a mamuchi tener que meterse en el coche una hora y media para igual estar por ahí dos horas.


5. La número 5 en realidad debería ser la número 1, porque es lo más difícil de todo este proceso: verla sufrir. Por más que quieras a tu hija, por más que hagas todo lo posible por ahorrarle sufrimiento, la pequeña va a llorar. Va a tener días de fiebre, de dolor de muelas, de sueño sin poder dormir (y recemos para que sólo sean esas minucias). Y oír ese llanto y no poder hacer nada, eso es lo más duro de todo.


martes, 13 de septiembre de 2016

Vuelta a la rutina

Pues ya hemos vuelto de vacaciones.

Un vuelo de vuelta con retraso pero con la peque durmiendo placidamente. Unos días de desconexión y de tiempo para mami y papi, de parque, de mimos, de comida casera y de calor... mucho calor. Por suerte el sol brilla también en el norte y el cambio no ha sido tan traumático.

Hoy hemos empezado en la clase de gimnasia para bebés. Empieza con canciones, acaba con canciones y en medio, un montón de obstáculos, colchonetas, trampolines y demás atracciones varias en las que la peque se lo ha pasado en grande. Tanto, que cuando recogimos para irnos todo eran llantos y gritos desconsolados (el hambre también ha tenido algo que ver).

Ver al pequeño troll entre tanto peque (todos del 2014 en adelante) me hace darme cuenta de lo especial que es. Todos los demás niños y niñas, sentados en el círculo con sus papás o mamás, siguiendo la canción y dando palmas, y mi hija corriendo de un lado a otro dentro de dicho círculo, diciendo hola a los papás y mamás y bailando como una loca, con los brazos al aire. Es verdaderamente un espíritu libre.

En parte esperamos que todo esto fuera porque era nuestro primer día (nos perdimos la primera sesión por las vacaciones) y que la próxima vez esté un poco más complaciente... Sinceramente nos ha dado un poco de vergüenza tener a la única niña salvaje y descontrolada, aunque parte de mí estaba encantada viéndola tan feliz y sociable. Es curioso porque no se estaba portando mal, estaba explorando y disfrutando como la enana que es, y aún así me daba reparo no poder controlar a mi hija. Luego si lo pienso me digo, ¿y por qué debería intentar controlarla? ¿en qué mundo una mamá debería impedir que su hija salte y ría y corra porque todos los demás peques están quietos y callados al lado de sus papis? Así que decidí que mientras no estuviera molestando excesivamente, no iba a intentar controlarla más. Y la "profe" nos dijo que la dejaramos correr. Personalmente creo que era una delicia verla disfrutar tantísimo. Súper divertido.

De resto todo sigue igual. Cada día más palabras nuevas y repitiendo todo lo que oye, "oh mai got", "sii yuu" y "shit" incluído. Es difícil poner en palabras todo lo que me hace sentir, desde orgullo hasta felicidad suprema y sobretodo muchas muchas ganas de ver con qué nos sorprenderá mañana. Ayer se le cayó su vaso de agua y corrió a por el primer "trapo" que vió para secarlo. Que el trapo resultara ser un cárdigan de lana es otra historia, pero ¡la intención es lo que cuenta!

También ahora empieza a tirar besos al aire, aunque desgraciadamente no a darlos (¡y mira que tenemos ganas!).

Si me hubieran dicho que esto de la maternidad iba a ser así de increíblemente mágico, ¡me hubiera puesto a ello mucho antes! 


martes, 23 de agosto de 2016

Negativas


- Peque, estás muy cansada, ¿vamos un rato a dormir?


- Mmmm Ño.

 - Sí, cariño, porque así te levantas más relajada y con más energía para volver a jugar hasta la cena. 

- Ño

*mamuchi coge al pequeño troll en brazos y lo mete en la cuna*


- Nonononononononono.

Está mal,, pero me hace muchísima gracia la forma en que dice No/Ño. Tan decidida y tan rotunda. Y tengo que aguantarme la risa, porque sino nunca jamás me va a decir que sí a nada. De hecho, aún no dice sí. A veces dice "Ja" (en danés) y a veces (la mayoría del tiempo) simplemente asiente con la cabeza (con mucha convicción y firmeza, cabe decir).

¡Qué duro es intentar no reirse!